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Artemisa: la libertad de lo indómito: "Cuando uno escapa de su mundo y deja que el mundo real lo envuelva para protegerlo” - Brossura

Agu, Rikki

 
9798175274777: Artemisa: la libertad de lo indómito:

Sinossi

Libertad es una de las palabras más utilizadas por el ser humano y, al mismo tiempo, una de las menos comprendidas. Todos hablamos de ella. Todos creemos conocerla. La invocamos cuando tomamos decisiones, cuando defendemos nuestros pensamientos o cuando imaginamos un futuro diferente. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué significa realmente ser libre. Quizá porque la libertad no se encuentra donde solemos buscarla. No está en las ciudades construidas por nuestras manos. No aparece en los caminos trazados por otros. No habita en las respuestas seguras ni en los recorridos perfectamente señalizados. La libertad aparece cuando desaparecen las referencias. Cuando nos encontramos solos. Cuando dejamos atrás aquello que nos protege. Cuando el mundo vuelve a ser inmenso.
Hermes fue el guía de los caminos. El compañero de los viajeros. El guardián de las rutas visibles e invisibles. A través de él comprendimos que toda existencia es un viaje y que cada ser humano busca un destino que rara vez logra entender por completo. Pero existe otro camino. Uno que no conduce a un lugar concreto. Uno que no pretende responder adónde vamos, sino quiénes somos cuando estamos completamente solos frente al mundo. Ese es el camino de Artemisa. La mayoría de nosotros hemos sentido alguna vez esa sensación. La encontramos en medio de un bosque. En una montaña desconocida. En un sendero perdido donde el silencio parece imponerse sobre todas las cosas. Nos detenemos un instante y observamos. Los árboles son más antiguos que nosotros. La tierra lleva allí miles de años. El viento continúa su recorrido sin prestar atención a nuestra presencia. Todo parece enorme. Todo parece superior. Y durante unos segundos comprendemos la dimensión real de nuestra existencia. Somos pequeños. Muy pequeños. Tan pequeños que el mundo podría continuar exactamente igual si nunca hubiéramos existido. Esa certeza debería asustarnos. Y, sin embargo, ocurre algo extraño. A pesar de la incertidumbre seguimos caminando entre los árboles. Buscamos una nueva ruta, un nuevo claro, un nuevo paisaje. Una nueva forma de contemplar el horizonte. Nadie nos guía. Nadie nos asegura que encontraremos aquello que buscamos. Y aun así continuamos.
Es precisamente entonces cuando aparece la libertad. No la libertad de imponer nuestra voluntad. No la libertad de controlar el mundo. La otra. La auténtica. La que nace cuando aceptamos nuestra pequeñez y, aun así, decidimos seguir adelante. Es en esos momentos cuando Artemisa camina a nuestro lado. No como una diosa lejana, sino como una guía silenciosa. Como la voz que nos anima a confiar. Como la fuerza que nos recuerda que la naturaleza no es nuestra enemiga. Como la compañera que protege a quienes aprenden a respetar aquello que los supera. Porque la libertad posee un precio. Y ese precio es el respeto. Respeto hacia el bosque. Respeto hacia la vida. Respeto hacia el mundo que existía mucho antes de nuestra llegada. Quien intenta dominar la naturaleza termina luchando contra ella. Quien aprende a respetarla descubre que nunca ha estado solo. Que siempre ha formado parte de ese equilibrio. Que el bosque no es un territorio extraño. Que las montañas no son un obstáculo. Que el mundo no es una amenaza. Es un hogar. Y cuando esa comprensión llega, el premio aparece por sí solo. No es la conquista. No es la victoria. No es el poder. Es algo mucho más sencillo. Y mucho más valioso. Es el afecto. El afecto silencioso de los lugares que terminan reconociéndonos. La confianza que surge cuando dejamos de sentirnos visitantes. Entonces comprendemos que la meta nunca fue alcanzar el final del camino. La meta era convertirnos en uno más bajo el cielo. Uno más dentro de la inmensa red de vida que nos rodea y nos sostiene. Porque quizá la libertad consista en encontrar nuestro lugar dentro del mundo. Y porque el verdadero valor es estar solo ante el mundo con muy pocos recursos y muchas ganas.

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