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Una dulce ladronzuela - Brossura

Cid, A. R.

 
9798548024770: Una dulce ladronzuela

Sinossi

Londres, siglo XIX

Euan deberķa ser el hombre mįs rico de Londres, pero la traición de aquellos que llevan su sangre hace que, cuando era tan solo un nińo, saboreara el lįtigo de los esclavos en sus carnes. Ahora estį dispuesto a todo por destruir a su tķo y recuperar lo que siempre le ha pertenecido.

La reina de los gitanos no pide, no suplica, no se inclina ante nadie. Ella ha seguido a su padre en su venganza, descubriendo en el camino a un hombre que desea y serį suyo, aunque el susodicho no parezca muy dispuesto a ceder.

El barón descubre en ella a un ser que rompe todas las normas pues, pudiendo ser una dama, disfruta corrompiendo la sociedad a la que él tanto se empeńa en regresar.

”Que dios le ayude o perderį la cabeza por esa hechicera!


“Miró la luna cansada y se recolocó el sombrerito que hacķa equilibrios sobre su cabeza. Ella sabķa que el mundo no arderķa por su insolencia, también que los cotilleos que corrķan por Londres le dolķan mįs de lo que era capaz de reconocer.
Se llevó la mano al estómago y retuvo la arcada que ascendió con fuerza. Se giró antes de que Euan se hubiera aproximado demasiado, tomando la palabra con esa fuerza innata que nadie lograrķa arrebatarle, ni siquiera él.
— æHa claudicado por mķ? – escupió furiosa - æHa decidido que puede sacrificarse a que lo vean a mi lado? – Se rio sarcįstica.
Puede que estuviera siendo injusta, mas nunca antes se habķa sentido rechazada por los suyos y la soledad la aguijoneaba con tanta fuerza que querķa caer. Solo su orgullo la mantenķa alzada cuando muchos disfrutarķan ante el espectįculo.
Ella era la reina de los gitanos y nadie la vencerķa.
»Perdone mi franqueza, pero hoy no soporto su compańķa. – La voz de ella salió demasiado aguda. Le dolķa la garganta, era como si el mundo mismo la estuviera estrangulando, tan despacio, que era estśpida por no devolver el golpe.
— æAcaso eso deberķa importarme? – preguntó Euan alzando la ceja apenas un milķmetro – Solo querķa decirle que me encantó su misiva. – Ninguno de los dos lo creyó, aśn se sorprendķa por las palabras tan mordaces que habķa usado, muchas de las cuales reverberaban en la cabeza de él cuando sintió el magnetismo de los ojos verdes de su bruja -. æNo seguirį intentando seducirme? Es una noche hermosa y yo me siento mįs cercano a usted que nunca.
— Ya le dije que no es el momento. – Después de tantas semanas deseando unas palabras parecidas ahora eran una burla mįs del destino que, con crueldad, le estaba arrebatando todo lo que amaba.
— æDebo preocuparme? – El barón Altman dio un paso en su dirección y la tomó de la cintura, ella no pudo evitar ese suspiro necesitado de mįs. Querķa soltar el infierno que se habķa formado en su pecho sin lograrlo, demasiado acostumbrada a no romperse ahora no sabķa cómo hacerlo. æCómo regresar ante su pueblo cuando tenķa la sensación de no conocerlos, no realmente?
— Cierto, usted solo se deja llevar por el deber. Ha olvidado sentir, disfrutar, tomar lo que…
Esos labios rojos no le dieron otra opción, no cuando estaban tan inflamados por el llanto que ella nunca reconocerķa. Euan se convirtió en un depredador, necesitaba esa pasión desbordante que, en los dos, ocultaba una debilidad que en el pasado les habķa hecho tanto dańo.
La mordió y retó, jugueteó con su lengua notando que el tiempo se desvanecķa, que la playa dejaba de existir. Ambos escaparon de sus pasados, de quiénes eran, escondieron lo que no podķan compartir para lanzarse al abismo que el otro significaba..."

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