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El Fantasma del Rio Grande - Brossura

Holbrook, Don Allen; Garcia, Dr. Gilberto Beto

 
9798852672018: El Fantasma del Rio Grande

Sinossi

El viento del desierto soplaba sobre los danzantes demonios de polvo mientras salķa de la carretera pavimentada de un carril hacia una camino de terracerķa en ruinas. Mi camioneta se sumergió y se abrió paso sobre profundos hoyos hasta que llegué a una cerca maltrecha que rodeaba el lķmite de una fachada antigua. Mientras continuaba, llegué hasta algunos trozos de yesca, secados por ańos bajo el sol implacable, donde una vez hubo una puerta de madera. Habķa un pestillo de hierro oxidado medio unido a un lado de la puerta caķda.
Mi camioneta continuó lentamente por el camino hacia una vieja casa de adobe, poco mįs grande de nueve metros cuadrados, que apareció mįs adelante. Daba la impresión de ser "una cabańa abandonada". Donde una vez hubo un pequeńo porche, quedaban escalones vacķos con tablones secos—rotos y deteriorados con el paso del tiempo. La mitad del techo se habķa derrumbado dentro de la casa. Faltaba la puerta principal. La estructura habķa sido dejada a merced de la naturaleza—y estaba muy seguro de que no pocos animales callejeros se habķan refugiado allķ.
Segśn los registros de dónde habķa muerto mi bisabuelo, Fabriciano Garcķa, éste era el lugar correcto. Ésta fue la casa de su infancia.
Me acerqué a la casa y estacioné mi camioneta. Miré el medidor de temperatura exterior en el tablero—41 grados. Salķ y me recibió una rįfaga de calor seco del desierto. Lentamente, me acerqué a la casa. Entré en lo que quedaba del porche y miré desde el umbral de la puerta abierta.
El sol traspasaba el techo faltante para iluminar el interior. Las vigas originales que sostenķan el techo parecķan estar intactas, pero era una incógnita cuįnto tiempo mįs podrķan resistir. Procedķ a entrar con pasos cautelosos, asegurįndome de no estornudar—no querķa arriesgarme a que lo que quedaba del techo cayera sobre mķ.
Una vez dentro, comencé a investigar. En la esquina habķa una vieja estructura de una cama de hierro con restos de un colchón, ahora hecho trizas con algunas hebras de paja que se asomaban a través del forro rasgado. Al lado habķa un tubo de escape roto donde una vez hubo un horno. El tubo estaba medio colgado en la pared, y la otra mitad estaba en el suelo. Donde una vez salķa el tubo por el techo ahora albergaba un nido de pįjaros abandonado.
En el centro de la casa de una habitación habķa una gran chimenea de piedra Rockfield. Me imaginé el hogar de metal de la chimenea, en su apogeo, centelleando con troncos ardientes que alguna vez calentaron la casa. Pero el śnico elemento que quedaba era un gancho de metal que sostenķa una vieja cafetera, oxidada y cubierta de polvo con un enorme agujero en el fondo.

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