Rocha servando ed (3 risultati)

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Da: medimops, Berlin, Germaniamedimops
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Condizione: good. Befriedigend/Good: Durchschnittlich erhaltenes Buch bzw. Schutzumschlag mit Gebrauchsspuren, aber vollständigen Seiten. / Describes the average WORN book or dust jacket that has all the pages present.

- Rilegato
- Prima edizione
Da: Librería Raíces, Alicante, A, SpagnaLibrería Raíces
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Encuadernación de tapa dura. Condizione: Nuevo. 1ª Edición. 256 pp/ El gran libro ilustrado del tatuaje de aquella España brutalista, esa que mostró con orgullo y desafío puñales, calaveras y corazones sangrantes. Hubo un tiempo, no hace mucho, en que el tatuaje estaba reservado a una tropa formada por criminales, apaches, presidiarios, legionarios, prostitutas, anarquistas o marineros. Aunque también se puso de moda entre la realeza europea o exhibía en circos y espectáculos de fenómenos. Su uso, un código secreto en manos de fueras de la ley, despertó la fascinación e interés de numerosos antropólogos, criminólogos y médicos que, siguiendo las ideas del italiano Cesare Lombroso -padre de la antropología criminal-, veían en el tatuaje un signo de atavismo y predisposición a la locura, violencia y asesinato, y los tatuados rarezas y seres misteriosos. En España, desde que en 1888 Rafael Salillas, nuestro «pequeño Lombroso», mostrase su colección de tatuajes de delincuentes patrios, los tatuados, que fueron fotografiados y estudiados, sembraron el terror y desconcierto: oleadas de apaches con el cuerpo cubierto de dibujos obscenos y llamadas a la venganza, llegaban a ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao, entre otras, al tiempo que defendían la bohemia más hampona. Más tarde, milicianos y falangistas ocultaban -o directamente se arrancaban- aquellas marcas delatoras (hoces y martillos, yugos y flechas en brazos y pechos) que podían costarles la vida y los legionarios -una auténtica subcultura tatuada-llenaban sus cuerpos con cruces, vírgenes y nombres de sus amadas. También quinquis, pandilleros, motoristas y rockers fueron pioneros en mostrar aquellas «cicatrices parlantes», como llamaron al tatuaje los mandos policiales y militares. Durante un siglo el tatuaje fue «criminal» y marginal, hasta que en 1989, el fotógrafo y tatuado Alberto García-Alix abrió las puertas de la tienda y estudio de tatuajes El Martillo de Lucifer, donde comenzaría su imparable popularización con Mao, legendario tatuador que en los ochenta tatuaba a la marina estadounidense en Rota, como una de sus grandes estrellas. Lo que vino a continuación ya lo sabemos: el tatuaje y aquel sorprendente estilo de la «vieja escuela» se convirtieron en masivos, elevándose a la categoría de arte y perdiendo el aura de peligro del pasado. Servando Rocha, editor de esta obra única en nuestro país, investigó y rescató antiguos tratados médico-legales, fichas policiales y numerosas fotografías «perdidas» en el tiempo prácticamente nunca vistas, para construir un relato visual de un siglo de «ángeles bellos» y «bárbaros tatuados», junto a espectaculares colecciones criminológicas francesas, mexicanas o alemanas, haciendo de CRIMINAL el gran libro ilustrado del tatuaje de aquella España brutalista, esa que mostró con orgullo y desafío puñales, calaveras y corazones sangrantes./ R15-1.…

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Da: Imosver, PONTECALDELAS, PO, SpagnaImosver
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Condizione: Nuevo. Un espectacular recorrido ilustrado por nuestros mundos más oscuros, pulp y «depravados», desde la sicalipsis de "sexo, drogas y cuplé" hasta la transiciónEsta es la increíble y fascinante historia de nuestra España más subterránea y amante de la cocaína o la morfina ûlos llamados entonces «venenos eufóricos»û, que durante años se vendían libremente e inundaban cabarets, antros y esquinas. Las mujeres tomaban la noche, ese espacio donde siempre se despliega lo prohibido, adoptando maneras de ser libres y sin permiso de nadie, en una Santa Trinidad de sexo, drogas y cuplé, mientras la «gente de orden» miraba con espanto lo que sucedía en las calles. Existía un país moralizante y otro muy distinto, nuestra Suburbia, la secreta Nación de la Molicie, aquella otra abandonada con alegría y gran dedicación al vicio y el placer.Nuestra «tormenta inmoral» fue imparable. Se editaban centenares de libros y revistas, algunas clandestinas, que pasaban a formar parte de «bibliotecas infernales», esos libros secretos por indecorosos o directamente prohibidos de bibliotecas, tanto públicas como privadas, en ocasiones pasquines y mal editados, que se vendían por cuatro duros y contra los que se crearon brigadas policiales antipornografía. El más misterioso y, para muchos, infame de aquellos autores fue Ángel Martín de Lucenay, un falso sexólogo que no se parecía a ninguno y cuya habilidad era vender erotismo, en ocasiones extremo e hilarante, bajo la coartada de la divulgación médica, higiénica y sexual. Sus libros, repletos de chicas pinchándose o fumando opio, crónicas sobre extraños cultos y un aluvión de fotografías reales de nuestros bajos fondos, eran eso mismo: spanish pulp. Baratos, accesibles para todos. Pura exploitation. En solo cuatro años (1932-1936), aquel rey absoluto de la sordidez del sexo, la noche y los bajos fondos, inundó el mercado con casi un centenar de libros que incluían sexo salvaje, sado o bestialismo. Suburbia. El gran li.…